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Entendiendo el Amor

“La belleza del amor, es que al ofrecerlo recibimos más de lo que teníamos antes.”
David Simon

 

Una de los grandes hallazgos de la microbiología ha sido descubrir que lo que sucede a nivel celular es análogo a lo que sucede en nuestra experiencia como seres humanos. Las células son organismos inteligentes que respiran, comen y operan en función de la información que reciben en su interacción. Ellas pueden decodificar la información y actuar en consecuencia con perfecto sincronismo, según sea necesario. Las células están hechas de moléculas, las moléculas están hechas de átomos y los átomos están hechos de energía. Y como sabemos a través de la fórmula de Einstein (E = MC2), la energía y la materia son lo mismo en diferentes formas. Como dice Deepak Chopra «somos energía e información moviéndonos a la velocidad de la luz». Todo en el cosmos es energía e información moviéndose a la velocidad de la luz. Aunque nadie descrea de la fórmula de Einstein, es difícil para nosotros pensar en estos términos; este universo es una sopa cuántica y todos formamos parte de ella a pesar de que nuestra individuación a través de la percepción sensorial nos diga lo contrario.

Una de las fuerzas que mantiene este universo en marcha es el «Amor Incondicional». Nuestro corazón bombea 24/7 desde antes de que se formaran nuestros recuerdos sin pedir nada a cambio, el sol mantiene nuestra galaxia con vida a través de su propia energía que irradia desinteresadamente. Nuestras células incluso mueren cuando es el momento para que mueran sin ninguna perturbación o queja. Toda esta suprema inteligencia funciona sin ningún tipo de interrupción, ya que todo parece estar bailando un ballet perfecto.

Ahora, ¿qué significa el amor incondicional? Oí una vez que el amor incondicional es «La comprensión y aceptación del proceso del otro», sea lo que sea. La aceptación de lo que ocurra en el otro sin pedir algo a cambio, la apertura y el estado de alerta para recibir lo que sea.
Así, bajo esta definición, el amor incondicional está más relacionado con la disposición a aceptar el proceso de recepción, en lugar de sugerir un proceso de entrega extrema. Esto generalmente esta malentendido.
Es común pensar en el amor incondicional como dar en exceso, pero en mi exploración, creo que el aprendizaje del amor incondicional es aprender a dar sin manipulación emocional, sin estrategias, y entonces sin pedir algo a cambio.

La primera vez que me conmovió este dilema de lo que significa el amor incondicional fue con el nacimiento de mi hijo Conrado. Me quedé asombrado por la cantidad de energía amorosa extendiéndose por todo mi cuerpo. Me quedé anonadado por este sentimiento de rendición completa de mí mismo para apoyar el proceso de otra persona. Me quedé sorprendido al darme cuenta de que a partir de ese momento, mi concepto de la individualidad cambió para siempre. A partir de ese momento no era sólo yo, sino que había nacido otra persona. No estaría nunca más solo.

Entonces, si el poder del amor incondicional se desarrolló dentro de mí tan fácilmente a través del nacimiento de Conrado, ¿por qué es tan difícil para mí amar a los demás de la misma manera? ¿Por qué es tan fácil el amar a nuestros hijos sin condiciones, pero no los otros? ¿Por qué no podemos estar abiertos a recibir todo lo que se nos presenta y aceptar los procesos de cada uno cualesquiera estos sean?
Somos todos hojas del mismo árbol. Como parte de este árbol cósmico debemos cuidar el uno del otro a través del amor, la aceptación y el respeto. Algunas hojas pueden persistir, algunos otras pueden caer, pero al final todos vamos a ser parte de esta sopa cuántica que sostiene este árbol que llamamos hogar.
Las quejas, el resentimiento, la ira o incluso la violencia se construyen sobre nuestra incapacidad de amar, nuestra incapacidad para entender y aceptar el proceso de alguien, incluso si ese proceso traspasara nuestra vulnerabilidad o sentido individual.
La ecuanimidad, el dar un paso atrás para reflexionar, el observar y el aquietar nuestra mente son todas grandes herramientas para fomentar el amor incondicional. Pero para mí, el amarnos a nosotros mismos es el primer paso necesario para poder practicar el amor.
El amarnos no es más que la aceptación de nuestro propio yo con todos nuestros fracasos, nuestras sombras y nuestras deficiencias que de todas formas somos capaces de visualizar por nuestra luz interior. Sin luz no existen las sombras.

El fundador del taoísmo Lao Tzu dijo: «La humildad es la ausencia de la individualidad». A través de aprender a amarnos a nosotros mismos podemos reconocer que nuestra individualidad no es más que nuestra propia personalidad construida con el fin de sobrellevar y aprender de esta experiencia evolutiva que es la vida. A través de amarnos a nosotros mismos podemos reconocer que todo el mundo anda este mismo camino de la construcción de la personalidad y comportarnos como si la individualidad verdaderamente nos separara no tiene sentido alguno.

Paradójicamente al aprender como amarnos a nosotros mismos también podemos reconocer que somos los únicos capaces de cuidar de nuestro ser. Compartiendo esta atención personal con los demás, a través del ejemplo podemos inspirar y alimentar a los otros con nuestro propio amor radiante.

A través de la exploración del amor propio y la aceptación del proceso de los demás, podemos recibir el don del amor incondicional, podemos hacer prevalecer el amor como parte de nuestra interacción diaria con nuestra madre tierra y todos los seres que nos rodean. Podemos hacer que el amor incondicional sea nuestra fuerza motriz. Como todos somos parte de un mismo árbol, la práctica del amor incondicional nos conecta entre sí y nos alinea con las leyes del universo.


 By Debbie Wacks & Diego Gesualdi

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